El misterio del oráculo

A lo largo de la historia, el oráculo chino ha sido guía de reyes y emperadores, magos y sabios. Con la llegada de los inmigrantes chinos al Perú también llegó la sabiduría oriental. Desde su práctica inicial en nuestro país, el I-Ching cautivó y sorprendió hasta a los más incrédulos por su fascinante certeza, que conjuga las doctrinas de Confucio y Lao Tse.

En la cuadra 9 del jirón Huanta, en el centro de Lima, se encuentra ubicado el local de la Sociedad Tung Sing, en cuyo segundo piso se halla el templo chino y el oráculo del I Ching, conocido como el Libro de las Mutaciones, la madre de todo el pensamiento chino. Sus consejos valen para nosotros del mismo modo que hace mil o dos mil años.

El templo del jirón Huanta es quizás el único lugar donde aún se realiza la antigua ceremonia del oráculo. El sacerdote Germán Ku adivina el porvenir a quienes se lo solicitan, al lado de Kuan Kung (Guangong), efigie en cerámica de un guerrero de rostro soberbio, cubierto con una gran capa roja, santo del panteón cantones considerado “gran dominador y exterminador de demonios”.

Francisco Choy, otro de los consejeros de la Calle Capón, cuenta que su interés por la astrología china nace de una tradición familiar. Desde pequeño, sus padres le enseñaron todos los secretos de esta ciencia, pero fue recién hace unos años que la comenzó a practicar profesionalmente.

“Estaba en una feria esotérica en Bolivia ofreciendo dijes chinos y, mientras los vendía, aconsejaba a los compradores. Así descubrí mi verdadera vocación. Hoy más de 100 personas me visitan diariamente”, comentó.

Para él, la astrología china y principalmente el I Ching es una herramienta a través de la cual las personas pueden conocer su cuerpo y mejorar su aspecto físico y su salud mental y emocional. “Mediante el conocimiento del I Ching uno puede desarrollar su intuición, descubrir sus poderes ocultos y tener un mayor control mental”, explica COI.

El texto original del I Ching contiene 64 imágenes que representan todas las situaciones que los hombres, la naturaleza y los dioses atraviesan. Estas imágenes o hexagramas son una combinación de ocho series de tres líneas, cerradas o partidas que representan un estado particular. Cada hexagrama está compuesto por series de tres líneas que se llaman trigramas. Las líneas cerradas representan el Yang, las abiertas el Yin. El Yin representa lo femenino o la tierra, la oscuridad, la luna y la pasividad, mientras que el Yang representa lo masculino, la luz, el sol, el cielo, el principio activo en la naturaleza. No son elementos de oposición sino complementarios que en combinaciones precisas suponen armonía.

Aunque el I Ching es considerado por muchos como un oráculo, los estudiosos señalan que este libro constituye un documento histórico donde incluso se da cuenta de hechos pasados. Para consultarlo se puede seguir el procedimiento tradicional, utilizando tres monedas cualquiera o mediante el azar.

Los trigramas posibles son ocho: Chien, cielo; Cehn, el trueno; Kun, la tierra; Sun, el viento; Kan, el agua; Li, el fuego; Ken, la montaña; Tui, el lago.

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