Dentro de los múltiples legados de nuestra gran cultura china ocupa un lugar preponderante la medicina tradicional china.
Esta práctica ancestral descansa sobre principios filosóficos que definen al hombre como un pequeño universo, para quien son válidos los mismos mecanismos rectores que rigen la vida sobre la tierra y los astros en el cielo.
Uno de estos principios es el de la “armonía universal” graficado en el simbolismo dual y opuesto del Yin y el Yang, conceptos que son complementarios y equilibran los fenómenos de la naturaleza.
Del mismo modo que el Yin y el Yang dominan el cielo y la tierra con los ciclos de las estaciones y con las horas del día, igualmente su poder actúa sobre el hombre.
El cuerpo humano en su interior posee también los flujos de corriente Yin y Yang cuyos canales de circulación son los denominados meridianos, los cuales se relacionan con los órganos internos del organismo. La salud estará en buen estado en tanto exista la estabilidad en el equilibrio del Yin y del Yang teniendo como fiel de la balanza al Chi o Qi, energía vital que es la energía intrínseca a todo ser vivo.
Cuando este último decae, se produce la enfermedad y entonces es necesario restablecer el equilibrio mediante diferentes métodos, como la aplicación de la acupuntura, la ingestión de plantas medicinales o prácticas de masajes o ejercicios como el Taichi; pasando previamente por el sabio diagnóstico: “observar – escuchar – preguntar – sentir”. Ocupa un espacio especial la doctrina del pulso tan característico del pensamiento chino.
Para los médicos chinos es importante prevenir la enfermedad, empezando por la detección temprana de las molestias que la producen, “el sabio no espera a que el hombre esté enfermo para cuidarlo. Lo guía cuando está en buena salud”.
La medicina tiene su argumento en la propia naturaleza, básicamente es de carácter herbolaria siendo importante rescatar las bondades terapéuticas de las plantas, bondades que también encontramos en el arte culinario que es el mejor y más natural medicamento para enfrentar las enfermedades. Los hechos los confirman, no sólo por el alto nivel poblacional de China, sino porque es un país conocido en el mundo como “un pueblo donde predomina la longevidad”.
La armonía entonces, tanto de la vida diaria como del propio cuerpo es la convicción de estar sano, que es el equilibrio entre el Yin y el Yang, porque en China “estar sano, significa algo más que no estar enfermo”, es una forma de vida.




