El Sonido de Virginia

Si hay un sonido natural que describa a Virginia Yep es el de su risa. No hay frase o alegato que no cierre con una melódica carcajada que rompa el hielo y espante la mala “vibra”.

El otro sonido es el que sus manos logran arrancarle a la guitarra cada vez que la tiene cerca y que estimulan hasta a la desafinada vecina que tiene en Alemania, lugar donde radica hace más de 15 años.

Y es que en lugar de alborotar al vecindario, como lo haría una sesión de batería o el rugir de una trompeta, la guitarra arrulla, se diría que hasta consuela.

“Ni desafinada, el sonido de la guitarra puede perturbar, su sonido es acogedor, no puede molestar”, afirma Virginia quien desde muy pequeña descubrió su apego por la guitarra y sus cuerdas.

Hoy, la guitarra de Paruro que su padre le compró quedó como un bonito recuerdo. Ahora puede mandarse a hacer una a su gusto y de la mano de los mejores hacedores de este virtuoso instrumento.

Dice que la única vez que le fue infiel a la guitarra, sucedió cuando estudiaba en el Conservatorio Nacional de Música y decidió probar con la flauta dulce y luego con el charango. A este último le tomó cariño, pensó que era una guitarra pequeña pero se dio con la sorpresa que, aunque primas hermanas, no eran lo mismo. Eso sí, no descarta someterse a sus encantos en el futuro.

CARRUSEL MUSICAL

Su talento la ha llevado a países que antes consideraba lejanos. España, Italia, República Checa, Dinamarca, Turquía, Francia, Panamá y Países Bajos la han recibido con los brazos y los oídos abiertos. En sus escenarios, muchas veces muerta de nervios, tocó con el corazón en la boca, pues aunque destreza no le falte, confiesa que el miedo escénico siempre está presente.

Hasta ahora recuerda con nostalgia el día en que decidió cambiar el destino de su vida, cuando terminó la carrera de comunicaciones y empezó una nueva en el Conservatorio. Más tarde vendría una beca para el Real Conservatorio Superior de Música en Madrid y años después, un doctorado en la Facultad de Musicología Comparada de la Universidad de Berlín, lugar donde alterna sus conciertos con la docencia y la investigación musical.

CHINA SOY

“Yo no me había dado cuenta de lo que he heredado. En el Perú siempre había alguien que me decía “china” pero algo curioso me pasó en Alemania, cuando en una reunión un señor me dijo: “tienes algo en tu cara que te diferencia de todos ellos, otras personas de rasgos asiáticos”.

Virginia, aún sin decir palabra, porque sus amigos la habían presentado como asiática de nacimiento, lo miró fijamente hasta que su perspicaz interlocutor la descubrió y ella sólo atinó a decir: “Soy peruana, descendiente de chinos”. Tras la confesión, el signo de interrogación se cerró: “Tú tienes la cortesía del chino y el temperamento del latino”, le dijo.

Desde entonces, Virginia sabe que hay algo especial en ella. “Somos peruanos, pero con una colita de más, esa cosita especial es lo chino que tenemos dentro, sea en 30, 40 ó 100% y eso es lo que debe rescatar la colectividad peruano – china. Debemos estar orgullosos de nuestras raíces y potenciar las cualidades innatas que tenemos”.

Mientras hablamos con ella en su departamento en Lima, el teléfono no ha parado de sonar. Las llamadas son todas para Virginia, como cada año, las visitas a su tierra natal vienen cargadas de compromisos y horas pendientes con la familia. Pero, como último consejo para quienes creen que lo suyo es la música, nos dice que todo en la vida se logra con trabajo duro y esta carrera no es la excepción. Para los novatos o los oídos desafortunados, recomienda escuchar con atención el sonido de la guitarra, cuerda por cuerda hasta entenderla.

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