Apellidos Milenarios - LO

Cultura y Tradición

Apellidos Milenarios

Con ayuda de nuestros lectores, esta sección intentará seguir las huellas de las familias chinas que a mediados del siglo XIX migraron a América y se asentaron en el Perú


Cuéntanos su historia enviándonos las fotos, recuerdos y cualquier documento testimonial que conserve de sus raices familiares a: prensa.integracion@apch.com.pe 

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La historia de una de las familias Lo en el Perú se inicia con un inmigrante chino procedente de Macao, distrito ubicado en la costa sur de China, cerca a Cantón. Juan Lo  Yin Yi tenía 12 años cuando arribó al Callao y se afincó en el distrito limeño de La Victoria para trabajar en el sembrío de cebolla. 

Poco tiempo después se independizó y abrió un restaurante de comida oriental llamado “La Flor de Surquillo”, en sociedad con su tío José. Luego se asoció con su hermano Antonio y después con sus primos para expandir el negocio a los distritos de Jesús María, Breña, Rímac, Callao, Barrios Altos y Balconcillo. Todos los locales llevaban el nombre precedido de la frase “La Flor de…”.

Para entonces Juan Lo ya había formado una familia con Celia Julia Pino Aragón, dama cusqueña de Mollepata, con quien tuvo cinco hijos: Oscar, Juanita Cela, Julio César, Juan Antonio y Ernesto Luis. El mayor de ellos, coronel de la Guardia Civil, cuenta que el inmenso amor de sus padres la barrera del idioma, la diferencia de edades (12 años) y ciertas costumbres
ancestrales pus él tuvo que aceptar que sus padres le eligieran una esposa en China a quien le debía enviar una pensión para su sustento. Años después, por otro mensaje de su padre, Juan tuvo que aceptar la adopción de un niño llamado Alfredo para que sea criado por la esposa china, y para cuyo sustento  tuvo que aumentar la pensión.

Otra de las costumbres que tuvo que aceptar la familia Lo Pino, sin duda la más dolorosa, fue enviar a uno de sus hijos en reemplazo del patriarca inmigrante. El elegido fue Juan Antonio el penúltimo de los hijos, de seis años de edad. Tanto este como Alfredo visitaron el Perú ya adultos. 

Juan, con su espíritu tenaz e indesmayable, y Celia, con admirable comprensión, pues siempre prefirió que su esposo no perturbara la tradición de sus ancestros obedeciendo todo lo dispuesto desde China, lograron mantenerse unidos con amor y transmitir a sus hijos sabias enseñanzas y virtudes, como el trabajo responsable.

Los Lo Pino vivieron y crecieron económicamente en la cuadra 3 dl jirón Inca, en Surquillo, hogar que se convirtió en una amplia residencia de tres pisos. Luego del fallecimiento de ambos pilares de la familia, los hijos tomaron distintos caminos pero mantienen vivos los mejores recuerdos de unos padres trabajadores y amorosos. De los cinco hijos, la familia creció con 12
nietos y tres biznietos. 


 

 

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