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Apellidos Milenarios - ELÍAS VILLACAMPA

Cultura y Tradición

Con ayuda de nuestros lectores, esta sección intentará seguir las huellas de las familias chinas que a mediados del siglo XIX migraron a América y se asentaron en el Perú


Cuéntanos su historia enviándonos las fotos, recuerdos y cualquier documento testimonial que conserve de sus raices familiares a: prensa.integracion@apch.com.pe 

El viaje en busca de un futuro mejor muchas veces toma rumbos inesperados. Así ocurrió para la familia  chino-peruana Elías Villacampa. Mientras que Manuel Augusto Elías Denegri pisaba suelo peruano, sus hermanas hacían lo mismo en Argentina, donde fundaron la rama gaucha de la familia y conservaron su apellido chino: Cheong. 

Manuel Elías fue hijo de uno de los inmigrantes de primera generación que trajo al Perú el hacendado agrícola  don Domingo Elías, para trabajar en el campo. Como era costumbre de entonces, castellanizó su nombre adoptando el apellido del hacendado. Lugo se casó con María Villacampa, con quien tuvo nueve hijos: cinco hombres y cuatro mujeres. 

Pasados los años don Manuel vio en la zapatería el negocio que le permitía mantener a su numerosa familia. Fue así como funda la zapatería El Diamante, cuyo logotipo (un rombo) diseñó y que hizo tan popular marca. Como muchos  recordarán, esta empresa fue una
de las pioneras en la fabricación del calzado nacional y años más tarde se hizo
famosa por fabricar los zapatos escolares Teddy.

El principal abastecedor de don Manuel era la curtiembre de los Pinasco, y fue justamente a esa familia a la que vendió posteriormente la zapatería cuando incursionan en la producción del calzado.

Sin embargo, su visión empresarial continuó buscando nuevos emprendimientos. Luego de la zapatería, don Manuel incursiono con sus hijos mayores en el negocio de los camiones de transporte de materiales, con el que también alcanzó éxito. Así lo cuenta Juan Manuel Chau Elías, hijo de Flora Elías Villacampa, una de las cuatro hijas de don Manuel. 

Él comenta que su abuelo era un apasionado de la canaricultura, inclusive llegó a ser presidente de la Asociación de Canaricultores de Lima. Además tenía como afición el arreglar relojes, aunque no se sabe si llegó a armar uno completo. Falleció a los 90 años de edad, con su polla sabatina del hipódromo en las manos.